P Montoyita 3
Una Bella crónica sobre el PADRE MONTOYITA
Al que madruga…
A las 3:00am empezaba el día para el Pbro. Ignacio Montoya Vélez o “Padre Montoyita” como era conocido por todos sus feligreses y amigos quienes lo conocieron de cerca.
Con una larga y sentida oración a su ‘amada’ La Santísima Virgen María y encomendando a los pobres, como él les decía “a mis pobres”. “Yo a mis pobres los encomiendo a la Santísima Virgen María, y a mí para que me de fuerzas para ayudarlos”. Después de esta oración se disponía a hacer otra de sus labores más recordadas –la confesión- y que a pesar de sus 94 años el padre “Montoyita” sagradamente realizaba sin importar los 44 escalones que lo llevaban hasta la sacristía de la iglesia San Antonio María claret, y allí las personas necesitadas de perdón lo buscaban para absolución de los pecados. Como un dato curioso el padre Montoyita era el confesor de Monseñor Tulio Duque Gutiérrez, Obispo de la ciudad de Pereira hasta el 2012, el ya fallecido Monseñor Suescún, del famoso Kamel regidor mayor de la semana santa que entre otras cosas (siempre que la procesión pasaba por el cuarto de Montoyita, ubicado en la carrera 7 entre calles 24 y 25, se detenía de inmediato, para que Kamel le hiciera la venia y a su vez el padre le sacudía un pequeño pañuelo blanco) y confesor de varios sacerdotes de la ciudad. El padre Montoyita no se imaginaba que a su llegada a Pereira en 1958 esta ciudad se convertiría en su nuevo hogar hasta el día de su muerte.

Los azares divinos.
Después de confesar a todos los feligreses que lo buscaban exclusivamente por su forma de orientar, se disponía a otra de sus actividades más frecuentes y que quizá sería una de las más recordadas -Jugar al chance- el padre sagradamente hacía chance en diferentes casas chanceras de la ciudad, y como era de esperarse y casi que por un milagro el padre acertó en más de una ocasión. Esta hermosa labor, considerada por muchos como pecado (pecado el juego de azar) -porque hacía referencia cuando históricamente los romanos echaron a suerte la túnica de Jesús en el momento de su crucifixión-
A Montoyita no se le atribuyó este pecado, ya que él solo pensaba en sus pobres, en calmar muchas hambres y este actuar tan cristiano no solamente atrajo la atención de los fieles claretianos, sino también de los vándalos que no perdían oportunidad para intentar robarle al Padre Montoyita.
Adiela Cano, una de sus entrañables amigas y quien estuvo con él hasta el día de su partida, fue la que me contó varias anécdotas de Montoyita, entre ellas, que una vez estaba haciendo chance (como de costumbre) y era lógico que las personas se le acercaban para pedirle dinero, pero aquella vez había un tipo con cara de malo, de ladrón contó Adiela; y que por esa razón ella le dijo a Montoyita, “Padre córrase para acá un poquito que hay un señor muy extraño que le está mirando el bolsillo”, hasta aquí no hay nada de sorprendente ya que se trataba de una sola advertencia que Adiela le quería hacer al Padre, lo curioso ocurrió cuando ella le pidió al Padre que se cuidara mucho, que la gente se aprovechaba de él porque no le negaba ayuda a nadie, y que mucha de la gente que se acercaba no tenían necesidades de ninguna índole, que solo era por sacarle dinero, a lo que el Padre le respondió “Adielita no me diga nada que yo estoy cumpliendo con mi labor, yo vine a este mundo a ayudar a las personas, ellos verán si obran de mala manera” pero esta no sería la única vez que Adiela le haría esta advertencia al padre.
Los pasos del mentor.
El padre siempre fue un promotor de la igualdad y defensor de los pobres, debido a eso la comunidad de los claretianos lo envió al África, donde cumpliría labores misioneras, acompañando a los pobres en su vida, en su cotidianidad, y menguando la situación que se vive en aquel continente tan lejano y casi que olvidado por Dios; pero no por el corazón noble y de buenos principios, aquellos principios claretianos del Padre Montoya.
Una de las filosofías de Montoyita, lógicamente era la de su mentor, el Padre San Antonio María Claret (Antonio Adjuntorio Juan Claret Clara) quien era devoto profundo de la Madre María a quien le atribuyó haberlo salvado de varios atentados que sufrió a lo largo de su vida, incluso cuando fue el confesor de la Reina Isabel II de Borbón. Al igual que el Padre Claret, el Padre Montoyita también sufrió muchos percances en su vida, pero la devoción a María se la debe desde que era apenas un joven con ansias de servir y por ello quiso ser sacerdote, pero nunca pensó que a su corta edad iba a sufrir de una enfermedad que casi en su totalidad ataca a las personas adultas, el tan conocido Parkinson, y que posteriormente sufriría de ataques de epilepsia.
Cuenta Adiela, que cuando Montoyita se presentó al seminario para cumplir con su vocación, fue rechazado debido a esta extraña enfermedad que sufría a su corta edad, pero él no se dio por vencido, y comenzó a orar incansablemente, suplicando para que esta enfermedad lo abandonara para siempre y así poder ingresar al seminario.
Pues tal era su fe, y su devoción a la Santísima Virgen, que efectivamente esta enfermedad lo abandonó, y por fin pudo ingresar para convertirse en el sacerdote que fue, y en un hombre de bien, dedicado a sus pobres y su comunidad.
Su entrega a los pobres y a los más necesitados era tan grande, que no permitía que nadie le regalase nada. Según Adiela “doña Cristina Correa y don Faber tienen un almacencito en Sanandrecito y para el Padre lo que quisiera, ellos le daban plata para los pobres, mercado de todo una vez le querían hacer una atención, y me preguntaron qué le hacía falta al padre, bueno yo me puse a pensar y dije ve! Al padre le hacen falta zapatos, porque los que tiene ya están roticos, y que peca’o el padre como camina de harto y en esos zapaticos rotos, entonces le dije y me dio el dinero para comprar los zapatos, pero que fuera con él” Adielita efectivamente fue a hacer lo que le habían encargado sin sospechar que otra vez el padre se pondría un poco irritable y con justa razón, al menos para él. “Padre acompáñeme al centro, vamos a ir porque don Faber me dio esta platica para comprarle un par de zapatos, y si viera como se puso, que eso era pecado, que esa plata le servía para los pobres, eso es pecado Adielita yo ponerme un par de zapatos mientras que hay gente que no tiene con que comprar una panela, deme la plata yo se la doy a los pobres” después de intentar convencerlo para que se comprara los zapatos, no pudo y terminó cediendo dándole el dinero a Montoyita, y con esa plata, cuenta Adiela, la repartió en mercado para los pobres de la comunidad.
En medio de los ladrones.
Montoyita siempre al terminar las eucaristías dominicales, se dirigía a la puerta principal de la iglesia con una especie de ´coca´ de plástico y allí la gente que conocía su causa le depositaba en aquella ´coca´ dinero para los pobres, (cabe resaltar que el padre no pronunciaba ninguna palabra) la gente ya sabía para qué pedía Montoyita el dinero.
Pero lógicamente este acto no solo llamaba la atención de los feligreses que asistían a la eucaristía, también era el centro de atención de las personas inescrupulosas que solo buscan hacer mal y apoderarse de lo ajeno.
Aquel día Montoyita bajó a confesar como era de costumbre, y a esperar que se terminara la misa dominical para dirigirse a la puerta de la iglesia a recibir la colaboración de la gente, cuando un hombre se le acercó muy sospechosamente y esperó a que nadie lo viera para abalanzarse encima de Montoyita a tratar de quitarle el dinero que había recogido en la eucaristía, y sin más remedio el Padre Montoyita empezó a gritar desesperadamente “auxilio, auxilio” lo cual hizo que todos voltearan a verlo y como era de esperarse la comunidad acudió en su ayuda evitando que el padre sufriera algún tipo de lesión.
Cuando el agresor fue detenido el padre lleno de rabia por lo sucedido lo único que le expreso fue “a mí no me robe, pídame que yo le doy, dígame, padre deme plata y yo le doy, pero no sea bandido, no me robe la plata que es para mis pobres”.
(En este momento el Padre Montoyita deja ver de nuevo su preocupación por los demás que por sí mismo dejando ver su altruismo, su sencillez, su humildad, cosa que a muchos les falta)
Estampas de Belén.
Después de celebrar las fiestas patronales de la parroquia San Antonio María Claret, Montoyita apenas empezaba su labor, una labor que fue y será recordada por mucho tiempo, (el famoso pesebre)
El Padre Montoyita era muy meticuloso a la hora de hacer el pesebre, que entre otras cosas era uno de los más famosos de la ciudad, cosas que a él lo llenaban de orgullo, porque sabía que su esfuerzo lo iban a valorar las personas que apreciaban lo que para él era su arte, el arte de hacer pesebres.
Algo curioso es que Montoyita no solo delegaba funciones para la realización del pesebre, sino que también se metía literalmente en su obra de arte, ya que era el quien ponía las imágenes, ponía las luces y cosas por el estilo, pero la estructura que era una base de madera con tablones y bloques, eso lo dejaba a manos expertas.
Cada año el pesebre era diferente en su forma, a veces tenía dos túneles, otras veces tres, pero siempre con la meticulosidad que requería, él era un pequeño artesano en su taller reparando figuritas hechas de yeso.
No todo fue color de rosas.
Después de haber hecho el pesebre y satisfecho con su obra maestra y agradecido con todos los que hicieron posible esto (la gente le regalaba figuras para el pesebre o dinero para que las comprara), pero el destino le tenía una mala pasada, o quizá otra prueba para que él demostrara la humildad de la que estaba hecho.
Un diciembre cualquiera algo pasó con las instalaciones eléctricas, algo se recalentó, algo salió mal; el hecho fue que después de chispear un buen rato el pesebre quedó envuelto en llamas, algo que por obvias razones no solo desesperaría a Montoyita, también le partiría el corazón porque ese año la parroquia no tuvo pesebre para la comunidad como dijo él cuándo le preguntaron por el pesebre, “Dios me lo dio, Dios me lo quitó”. Él siempre sacando su humildad a flote, y esta prueba la pasó con la mejor calificación
De camino a su creador…
Ese día se encontraba Montoyita realizando sus actividades cotidianas, Adiela su gran amiga estaba acompañándolo en todas estas actividades para cuidarlo por recomendación del médico, una de esas recomendaciones, era que no lo dejara bajar a confesar, ya que la cantidad de escalones que debía bajar el padre era agotadora para él; pese a estas recomendaciones y siguiendo su vocación de servicio, el Padre se empeñó en bajar a confesar, “Adiela ayúdeme para bajar a confesar” le dijo Montoyita a Adiela, pero ella pensando en su salud le dijo que era mejor que se quedara en el cuarto descansando, pero él seguía insistiendo “es que vino un señor para que lo confesara y me está esperando y no lo puedo dejar sin confesar y me debe estar esperando, y lo tengo que confesar, entonces si usted no me acompaña, pues bajo yo solo”.
Adiela bajó con Montoyita a la sacristía, para encontrarse con el hombre en cuestión, pero la sorpresa es que nunca llegó tal hombre y al padre parece habérsele olvidado aquella confesión.
Como ya había mencionado, Montoyita era el encargado de uno de los pesebres más hermosos de la ciudad (dicho por los Pereiranos), y después de bajar a la sacristía se acercó a Adiela y le dijo que por favor se encargara de que cada año hicieran el pesebre bien bonito como a él le gustaba, como era lógico Adiela sintió esa responsabilidad “Ay! no padre usted no es el encargado del pesebre pues, usted sabe que yo de eso no tengo idea”. Lo único que el padre estaba haciendo era encargando su misión y sus cosas para poder partir con tranquilidad, por decirlo de alguna manera estaba dejando su herencia en vida.
“dígale a Jhovany (el que le ayudaba a Montoyita a hacer el pesebre) que por favor me haga 3 túneles bien profundos, y que me coloque las figuritas que yo compré con la plata que Faber me dió, bien alto para que la gente lo vea”. Esto fue lo que Montoyita le encargó a Adiela para preservar el hermoso pesebre que él dirigía, pero a Adiela nunca se le pasó por la mente que esto sería lo último que el Padre Montoyita le encomendaría.
Como Montoyita era tan devoto de la Santísima Virgen, él aseguraba que ella, que su señora iba a salir a su encuentro el día de su muerte, así como también aseguraba que ella misma había curado a Adiela del cáncer que sufría. “si yo me curé del cáncer; vea Sebastián antes los controles eran cada 2 meses, posterior cada 4 y ahora cada 6, y todos los exámenes me salen buenos, de hecho el oncólogo me dice que él se queda aterrado porque eso vuelve y repite y que mire yo toda sana y esos exámenes excelentes, y Montoyita me dijo ese día, Adielita tenga la plena seguridad que la Santísima Virgen me la curó de ese cáncer”.
Adiela se despidió con un fraternal beso en la mejilla y le dijo a Montoyita “Padre entonces yo mañana vengo, si me necesita antes me llama y yo vengo más tempranito”, y esta fue la última vez que Adiela vio esa mirada llena de ternura de Montoyita.
El miércoles 12 de noviembre de 2008 el Padre Montoyita se acostó temprano como siempre para levantarse a las 3:00am a orar, pero no se imaginaba que ese día aquella oración la haría mucho más temprano.
A las 8:40pm el padre se despertó, lo cual alertó a la enfermera que lo acompañaba en la noche, pero más la alarmó lo que el padre le decía. “Mire, mire que si vino por mí, mire la Virgencita que vino por mí, ¿usted la ve?” y en ese momento se desmayó, cuando lo bajaron para llevarlo a la clínica, en medio de su agonía despertó y le preguntó a la enfermera “¿Para dónde me llevan?” y ella le respondió que lo llevaban para la clínica a ponerle un poco de oxígeno, pero cuando llegaron con él a la clínica, ya era demasiado tarde, ya se había ido con su amada, con la Santísima Virgen, aquella que lo curó de la enfermedad de Parkinson y de los ataques de epilepsia, aquella a al cual se levantaba a orar, y a pedirle fuerzas para seguir adelante, esa misma se lo llevó para darle su recompensa por llevar una vida cristiana ejemplar, pensando primero en los demás que en sí mismo, y así se cumpliría lo que él dijo en alguna oportunidad, “a mí me sacan de aquí pero con los pies para adelante”.

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