Nuestros hijos forjarán sus propias vidas, pero tu matrimonio es para siempre. El matrimonio fomenta el crecimiento como ninguna otra relación puede hacerlo.

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Frecuentemente me han dicho que la relación más especial que tienes en tu vida es con tu pareja, no con tus hijos. Sé que es cierto: lo sé a partir de mi estudio de la Torá; lo sé por mi trabajo como terapeuta familiar; lo sé por mi propia experiencia matrimonial. Pero la materialización de esta realidad llegó a casa en nuestras recientes vacaciones familiares.

En momentos de desafío y de estrés la conexión entre nosotros fue la que me nutrió y me dio la fuerza para seguir adelante.

Empacamos a nuestros nueve hijos, la comida y la ropa para una semana y todas las otras cosas que pensamos que necesitaríamos y nos encaminamos en un viaje de 8 horas desde Los Ángeles hasta San Francisco. Fue un viaje increíble; aprendimos mucho, nos reímos mucho, lloramos un poco, tuvimos muchos buenos momentos; pero fue una cantidad enorme de trabajo. Y no podría haberlo hecho sola.

No estoy hablando del esfuerzo físico – mi esposo no fue crucial porque sea más grande o más fuerte que mis hijos – sino del esfuerzo emocional. Hubo tantos momentos desafiantes y de estrés donde la conexión entre nosotros fue lo que me nutrió y me dio la fuerza para seguir adelante y le dio a nuestra familia la fortaleza y la confianza para continuar. Ahora, todo lo que recuerdan mis hijos – y todo lo que ellos comentan con sus amigos – es sobre lo divertido que estuvo. Ese es el poder de un matrimonio sólido.

DEPENDE DEL OTRO


Por ejemplo, una de las grandes atracciones turísticas de San Francisco es Alcatraz, la actual penitenciaría federal. (¿Por qué debe ser esta una atracción turística?, es una pregunta interesante pero eso es para otro momento). Una vez que cometimos el error de ir, encontrar actividades que entretuvieran a adolescentes e infantes se convirtió en una tarea intimidante. Mi hijo mayor disfrutó especialmente el viaje en bote a Alcatraz mientras que mi hijo menor gritó aterrorizado todo el camino. Una vez en la isla, la rueda del coche de mi hijo de 3 años se rompió y empujarlo cuesta arriba hasta la prisión no fue fácil.

Mientras comenzábamos nuestro paseo por las instalaciones, las habilidades recién adquiridas de nuestro pequeño de tres años se hicieron notar, él anunció que “tenía que hacer”. Esto implicó hacernos camino en sentido contrario a la multitud de turistas hasta llegar a la puerta de entrada. Su ritual del baño incluía desvestirse completamente y por supuesto, necesitar ser vestido nuevamente; esto tomó tiempo y considerando las circunstancias del lugar, enorme paciencia.

¿Cómo te elevas sobre el clamor de nueve voces que demandan tu atención inmediata sin gritar de forma exagerada y estruendosa? Encontré reservas desconocidas de ecuanimidad dentro de mí, porque mi marido estaba ahí para apoyarme. Recurríamos uno al otro. Nuestros ojos reflejaban nuestra frustración y la carga desaparecía. Buscábamos el humor detrás de las debilidades de nuestros hijos y nos reíamos juntos. Nos dábamos fuerza y perspectiva el uno al otro. Llegábamos al final del día, mejores, siendo padres más tranquilos, habiendo demostrado el poder sanador y nutritivo del matrimonio.

EL MATRIMONIO ES PARA SIEMPRE


La Torá nos enseña que “un hombre no muere, excepto para su esposa”. Si somos padres exitosos, nuestros hijos forjarán sus propias vidas, pero nuestro matrimonio es para siempre. El matrimonio fomenta el crecimiento como ninguna otra relación puede hacerlo.

El Talmud afirma que: “Un hombre que no tiene esposa vive sin bendición, sin alegría, sin ayuda, sin bondad, sin paz, sin vida…”. En otras palabras, los Sabios nos enseñan que el matrimonio nos completa como personas y que a través de esta unidad creamos un modelo de estabilidad y seguridad para nuestros hijos. Ninguna palabra, idea o técnica educativa puede reemplazar a un matrimonio sólido, comprometido y de amor.

Muchas personas cometen el error de dar a sus hijos a expensas de su matrimonio. La verdadera respuesta es darle al matrimonio. Finalmente eso es lo que más beneficiará a nuestros hijos

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