SOBRE LA SATISFACCIÓN
Un viejo filósofo antiguo expresó que la insatisfacción era un mal para el espíritu. También decía que la desidia también lo era. Si juntamos las dos cosas, tenemos la televisión. Da pena verla. Y ¡por dios! No se paren a ver las noticias. Deprimente. Es curioso, pero cuanto más desarrolladas y con mayor nivel de bienestar tiene una sociedad, más índice de suicidio hay. ¿Adivinan cuál es el país que más acciones de autolisis tienen? Sí, acertaron: Japón. ¿Y después? Noruega. En España, uno de cada tres sufre estrés. La solución que dan es que aprendan a relajarse. Bueno eso sólo ataca a los síntomas. Y esto sólo persigue que esas personas estresadas no afecten a los procesos productivos de una sociedad que genera ese estrés. Todo da vueltas sobre las consecuencias sociales que generan estas personas, como la abstención laboral, la automedicación, ingesta y el gasto farmacéutico en antidepresivos y demás. Es obvio que esto no es una cura, pero cuando hablan de ir a por ella, dirigen sus miradas hacia la aceptación del problema. Y ahí suponen que está la raíz, en el problema. Pero un problema es algo intangible para el noventa y nueve por ciento de las personas de a pie. ¡Díganme algo tangigle, por favor! Es una expresión, no sufro ningún grado de estrés. A veces de ansiedad, si cabe. Pero la cuestión está en la insatisfacción y la “panolia” (no existe tal palabra en el diccionario, y debería hacer referencia a la desidia estúpida por falta de reflexión) en la que el sistema nos tiene inmerso, como hipnotizados. Los otros días, así de pasada, no sé en dónde, escuché que se celebra un congreso de trabajos alternativos que realizan ciertas personas que cambiaron su trabajo para dedicarse a menesteres más satisfactorios para su persona. Cambiaron trabajos, algunos muy bien remunerados, para dedicarse a hacer pan, cultivar productos naturales, construir artesanías, etc. Todos estaban insatisfechos con su vida, se dieron cuenta, y tuvieron valor para cambiar, tomando el camino erasmista hacia la paz interior, la vuelta a la Naturaleza.
Ahí está la raíz del problema, la insatisfacción es un factor inherente hacia el estrés. La sociedad nos inculca valores contrarios a nuestra satisfacción personal para alcanzar mayor productividad social. Darse un respiro y reflexionar sobre lo que un viejo y antiguo filósofo ya comprendió, es sin duda, un gran paso hacia la felicidad.

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