Cuando un ser humano es honesto se comporta de manera transparente con sus semejantes, es decir, no oculta nada, y esto le da tranquilidad. Quien es honesto no toma nada ajeno, ni espiritual, ni material: es una persona honrada. Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor. Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.

Para ser honestos…

– Conozcámonos a nosotros mismos.
– Expresemos sin temor lo que sentimos o pensamos. .
– No perdamos nunca de vista la verdad.
– Cumplamos nuestras promesas.
– Luchemos por lo que queremos jugando limpio.
honestidad
La deshonestidad

Cuando alguien miente, roba, engaña o hace trampa, su espíritu entra en conflicto, la paz interior desaparece y esto es algo que los demás perciben porque no es fácil de ocultar. Las personas deshonestas se pueden reconocer fácilmente porque engañan a los otros para conseguir de manera abusiva un beneficio. Es muy probable que alguien logre engañar la primera vez, pero al ser descubierto será evitado por sus semejantes o tratado con precaución y desconfianza.

Obstáculos para la honestidad…

– La impunidad, que demuestra que se pueden violar las leyes y traicionar los compromisos sin que ocurra nada.

– El éxito de los “vivos” y los mentirosos, que hacen parecer ingenuas a las personas honradas y responsables, pues trabajan más y consiguen menos que aquéllas que viven de la trampa.

– La falta de estímulos y reconocimiento a quienes cumplen con su deber y defienden sus principios y convicciones a pesar de las dificultades que esto les puede acarrear.

Los honestos son honrados, honorables, auténticos, íntegros, transparentes, sinceros, francos, valientes.

Los deshonestos son groseros, descorteces, indecorosos.

GALILEO GALILEI
UN CIENTIFICO RECTO

El gran astrónomo y físico italiano Galileo Galilei (1564 – 1642) es célebre por haber defendido valientemente su teoría de que la Tierra no estaba en el centro del universo y además se movía. Los sabios de su época, convencidos de que nuestro planeta era estático y todos los demás astros (incluido el Sol) giraban a su alrededor, no dieron crédito a las pruebas aportadas por Galileo, y se opusieron tercamente a aceptar sus ideas.

Fue tan grande el desafío planteado por este genial astrónomo a las creencias de su tiempo, que las autoridades políticas y eclesiásticas lo llevaron ante un tribunal de la Inquisición que lo condenó a cadena perpetua y a retractarse públicamente y por escrito de sus afirmaciones. Cuentan los cronistas que luego de firmar contra su voluntad, el documento que certificaba que la Tierra no se movía, Galileo dijo en voz alta: “Pero se mueve”.

Su honestidad como científico no se doblegó ante las circunstancias que debió sortear como hombre.

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